Plastic Ville
El proyecto surge a partir del libro de Susan Freinkel “Plástico, un idilio tóxico”, un texto que ha fungido como un espejo para mostrarme el reflejo de mi consumo, que es parte de un problema estructural de desechar constantemente. El plástico es un material de bajo coste, impermeable, ligero, resistente, capaz de aislar la temperatura y el sonido, sin mencionar la cantidad de variantes y acabados; parece la materia idónea para edificar. Sin embargo, este elemento intoxica el ambiente desde su aliento y se fragmenta hasta escalas nanométricas para penetrar en otros cuerpos, con efectos irreversibles.
En esta serie de imágenes numéricas se recrean asentamientos urbanos al pie de la costa o sobre la mar, con residuos plásticos de desecho donados y personales; estos se clasifican para armar cada uno de los montajes. Las escenas se construyen sobre una superficie reflejante para evocar la del agua, pero también es un recurso que incita a reflexionar sobre la imagen que la superficie nos devuelve. Los títulos de las imágenes se refieren a los colores, una paleta extensa que parte de un negro crudo, pero que, con diversos aditivos y acabados, la industria del plástico fabrica resinas que pueden reproducir prácticamente cualquier cosa y que, lentamente, van reemplazando la materia orgánica para configurar villas de plástico.